domingo, 8 de febrero de 2009

AMOR

EDUCARSE PARA EDUCAR
“Imagínese que está en la oficina. Su jefe le pide que haga un trabajo extraordinario, Lo quiere encima de su mesa al concluir la jornada. Usted tiene intención de ocuparse de él inmediatamente pero, debido a unas urgencias imprevistas, se olvida por completo. Tanto se complica todo, que apenas le queda tiempo de almorzar.Cuando, junto a algunos compañeros, se dispone a marcharse a casa, se presenta el jefe y le reclama el trabajo terminado. Intenta explicarle en dos palabras el día excepcionalmente ajetreado que ha tenido.Él le interrumpe. Con una voz fuerte, desabrida, le grita: “¡No me interesan sus excusas! ¿Para qué diablos cree que le pago, para pasar todo el día sentado sobre su trasero?”. Al verle abrir la boca dispuesto a hablar, dice “¡Cáselle!” y se aleja hacia el ascensor.Sus compañeros fingen no haberlo oído. Termina de recoger sus papeles y sale por fin del despacho. Camino de casa, se encuentra con un amigo. Está tan trastornado, que no puede evitar contarle lo que le acaba de pasar.

Su amigo trata de “ayudarle” de ocho maneras diferentes. Al leer cada actitud alternativa, asóciele su reacción espontánea y escríbala a continuación. (No hay reacciones correctas ni erróneas. Lo que sienta estará bien en su caso particular.)

1. Negación de los sentimientos: “No veo por qué te ha afectado tanto. Es una bobada sentirse así. Probablemente lo que ocurre es que estás fatigado y has magnificado todo el asunto. No puede ser tan grave como haces que parezca. Venga, sonríe… Cuando ríes estás mucho más guapo.”
Su reacción……

2. La actitud filosófica: “Mira, la vida es así. Las cosas no siempre salen como uno quisiera. Tienes que aprender a tomártelo con más calma. En el mundo no hay nada perfecto.”
Su reacción……

3. Un consejo: “ ¿Sabes lo que deberías de hacer? Mañana por la mañana ve derecho al despacho del jefe y dile: “Señor tal, admito que estaba equivocado”. Luego ponte manos a la obra y termina ese trabajo que has descuidado hoy. No te dejes atrapar por los mil imprevistos que surgen siempre. Y si eres un poco listo y quieres conservar tu empleo, procura que no vuelva a sucederte nada parecido”.Su reacción…..

4. Preguntas: ¿Qué urgencias has tenido exactamente para olvidar un encargo especial de tu jefe?. No has pensado que se pondría hecho un basilisco si no te dedicabas a ello inmediatamente?. ¿Te había ocurrido ya alguna otra vez?. ¿Por qué no le has seguido cuando se ha ido de la oficina para explicárselo de nuevo?.”
Su reacción……

5. Defensa de la otra persona: “Comprendo la explosión de tu jefe. Probablemente está sometido a grandes presiones. Tienes suerte de que no pierda los nervios más a menudo.”
Su reacción……

6. Lástima: “¡Oh, pobrecillo! ¡Es horrible! Me das tanta pena que me entran ganas de llorar.”
Su reacción…….

7. Psicoanálisis de aficionado: “¿Se te ha ocurrido pensar que la auténtica razón por la que te has alterado tanto es que tu jefe representa una figura paterna en tu vida? Tal vez de niño te angustiaba mucho decepcionar a tu padre, y cuando tu jefe te ha abroncado ha vuelto a despertar esos miedos infantiles al rechazo. ¿Verdad que he acertado?.”
Su reacción……

8. Una actitud vehemente (intento de solidarizarse con los sentimientos de otro): “¡Caramba, qué experiencia tan desagradable! Soportar un ataque como ése delante de terceras personas, sobre todo después de haber tenido un día cargado de tensiones, debe de haber sido una dura prueba.”
Su reacción…..

Acaba de explorar sus propias reacciones frente a algunas maneras de hablar típicas de la gente. Ahora querría compartir con usted mis reacciones personales. Cuando estoy dolida o irritada, lo último que deseo escuchar son advertencias, consejos, filosofía, psicología “barata” o la opinión de otra persona. Esa clase de argumentos sólo consigue empeorar mi estado. La lástima me deprime; las preguntas me ponen a la defensiva; y lo que más me exaspera de todo es oírme decir que no tengo por qué sentirme así.

Mi reacción predominante ante casi todas esas actitudes es: “Bah, olvídalo…¿De qué serviría continuar hablando con él (con el amigo)?”Pero si alguien me escucha verdaderamente, si se conciencia de verdad de mi dolor interior y me da la oportunidad de hablar más a fondo de lo que me aflige, enseguida empiezo a sentirme menos crispada, menos confundida, mucho más capaz de hacer frente a mis sentimientos y a mi problema.

Incluso podría decirme a mi misma: “Habitualmente mi jefe es un hombre ecuánime… Debería haber dado prioridad absoluta a ese informe. Aun así, no puedo pasar por alto lo que me ha hecho. En fin, mañana iré a trabajar más temprano y liquidaré ese trabajo antes que nada. Pero cuando se lo lleve a su despacho, le haré saber cuánto me ha ofendido que me abochornase públicamente. Le diré que de ahora en adelante, si tiene alguna crítica en mi contra, le agradeceré que me la exponga en privado”.

El proceso no es distinto con nuestros hijos. Ellos también pueden ayudarse a sí mismos si encuentran un oído atento y una actitud solidaria. Pero el lenguaje de la solidaridad no brota naturalmente. No forma parte de nuestra “lengua materna”. La mayoría de nosotros hemos crecido con los sentimientos desestimados o denegados. Para adquirir fluidez en ese lenguaje de la aceptación, tenemos que aprender y practicar sus métodos.”

Sacado del libro: “Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen” de Adele Faber y Elaine Mazlish Editorial MEDICI.

Creo que es un libro muy interesante y que puede ayudar, no solo en la educación de los hijos, si no también en nuestras relaciones con los demás.

*Este extracto lo he sacado del foro de adopción de Bolivia al que de vez en cuando me meto para informarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

TU OPINIÓN ME INTERESA